Togo y Balto: Una ficción para el celuloide vs la realidad.

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Lo que siguió después no fue agradable en lo absoluto, a Kaansen se le pidió hacer tours, una segunda entrada al pueblo filmada y con toda la gente recibiendo a los perros, una película, etc. El equipo viajó a Seatle, donde comenzó su carrera a la desgracia. Haciéndose infelices a base de viajes en cajas en bodegas de trenes, los perros pasaron por todo tipo de espectáculos, terminando en un “Dime Museum” (uno de esos museos que exhibían a mujeres barbudas y egnte deforme) sin apenas comida y agua, a unas temperaturas poco saludables y sin siquiera aire fresco.

Después de que un reportero se enterara de la historia, se logró comprar a los perros incitando a toda la ciudad a donar dinero para pagar la suma que se pedía (nada barata). 

Los cuerpos de Balto y Togo fueron preservados. Creo que todos aquí sabemos que hay una estatua en Central Park dedicada a Balto y, en menor medida, al resto de mushers y perros que participaron en la carrera del suero.

Togo se quedó invalido por la distancia recorrida y el esfuerzo realizado, y nunca pudo volver a tirar de un trineo seriamente.

Otro dato importante es que la película que Kaansen y sus perros rodaron distorsionaba terriblemente la realidad: en el film Balto y el resto del equipo recorrían solos todo el trayecto, además a Balto se le permitió el arnés de líder después de que varios perros sucumbieron y, además de salvar al equipo de pasar por hielo quebradizo (que fue verdad), el perro salvó al musher (falso).

Esa película fue la que Disney adaptó y exageró aún más, puesto que ahora además Balto era un perro callejero y marginado, mitad lobo y antisocial, pero en el fondo perro de corazón y el salvador del mundo.

Ah, sí, Seppala y Togo también recibieron un homenaje y reconocimiento, en la página que tanto menciono aparece este episodio. Digo, Seppala era el mejor musher y el mejor criador de perros de tiro de Alaska, eso fue lo que le salvó de caer en el olvido en mi opinión, más que el hecho de haber cubierto mucho más kilometraje que el resto de mushers.

Por todo esto es por lo que yo digo que Togo fue el verdadero héroe, en contraste con todos aquellos que acreditan a Balto como único salvador de los niños de Nome.

Y, después de todo, los otros 18 mushers que participaron cayeron igualmente en el olvido, ni siquiera he podido recuperar sus nombres ni los de sus perros guía de internet.

Por supuesto que todos los mushers y todos los perros fueron los héroes, pero si alguien sobresalió, más que Balto y Kaansen fueron Togo y Seppala, Togo especialmente, por quedar inválido por el tremendo esfuerzo que realizó. Por suerte sí se les reconoció a ambos, pero mucho más tarde y cuando Balto ya era el perro más famoso del mundo occidental (no sé si oriental).

Fuente: http://www.balto-iditarod.com, y Wikipedia.

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La carrera del Suero, Togo y Balto, ¿acaso una carrera por la fama?

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La carrera mas importante de Seppala

Corría el invierno de 1925 y una epidemia de difteria se estaba propagando entre los niños de Nome, un aislado pueblecito costero en Alaska. La única forma de salvar a los niños era haciendo llegar al pueblo antitoxina. Desgraciadamente esta antitoxina se encontraba en Anchorage, una de las mayores ciudades de Alaska, y una de las más lejanas de Nome.

No se podía hacer llegar la antitoxina por barco, puesto que gran parte del océano estaba congelado (especialmente en la costa) y no se podía hacer llegar por tren puesto que la línea de ferrocarril terminaba en Nenana.

Así pues, se formó un “consejo”, simplemente un grupo de personas que organizaron todo el viaje. Decidieron que la única forma de llevar el suero de Nenana a Nome era usando uno de los métodos más antiguos de transporte, que a su vez era el medio más adecuado para aquellas condiciones de frío extremo y paisajes cubiertos de nieve y hielo: perros y mushers.

Leonhard Seppala era un afamado criador de Huskies Siberinos, una de las razas más ligeras y más rápidas para tiro de carga ligera. Había ganado ya varias carreras y eventos famosos con sus perros “tan delgados” en los que nadie confió en un primer momento.

En un principio llamaron a Leonhard Seppala y le pidieron participar, pues su fama era grande como musher, él aceptó. En un primer momento le dijeron a Seppala que él y sus perros harían todo el trayecto, 1348 millas, desde Nenana a Nome, pero los oficiales en Juneau (capital de Alaska) pensaron en un mejor plan: Seppala iría sólo hasta Nulato, un pueblecito a mitad de trayecto, y otro musher recorrería el tramo de Nenana a Nulato, para que todos los perros estuvieran frescos y pudieran correr mejor por más tiempo.

Sin embargo los oficiales en Juneau cambiaron el plan de nuevo, ahora sería un equipo de veinte mushers los que harían todo el trayecto, cubriendo entre 18 y 33 millas cada quien. Desgraciadamente el cambio de planes llegó demasiado tarde y Seppala ya estaba rumbo a Nulato con sus veinte mejores perros (incluyendo a Togo como líder).

Antes de irse, Seppala le dijo a Kaansen que tuviera a su “euipo B” de 12 perros listos por si había cualquier contratiempo, con Fox como líder.

De todas formas Seppala nunca llegó a Nulato, a mtiad de camino se topó con Henry Ivanoff, otro de los mushers, que acababa de salir con el suero de un pueblo cercano llamado Shaktolik. A pesar de que los perros de Ivanoff estaban frescos, ambos hombres sabían que Seppala llegaría más rápido al siguiente punto de la ruta, así que Seppala continuó llevando el suero hasta Golovin, a 91 millas.

Mientras tanto, Kaansen, el ayudante de Seppala, fue requerido como uno de los mushers en la carrera de relevos. Él debería conducir los perros hasta Bluff, a 53 millas de Nome, esperar el suero y llevarlo 33 millas hasta Point Safety, donde Ed Rohn, otro musher, llevaría el suero las últimas 20 millas de sprint hasta Nome.

Kaansen debería utilizar perros de Seppala, por supuesto, y escogió a Balto como líder. Gunnar sabía que Seppala no lo aprobaría, pero él consideró tener tan buen juicio como Leonhard.

Así, el suero le fue entregado a Kaansen en Bluff, desde donde lo llevó a Point Safety, con la mala suerte de que Ed Rohn no estaba listo, porque estaba dormido o porque acababa de levantarse, no se sabe. Lo único cierto es que Kaansen simplemente continuó él con el suero hacia Nome. Seppala estaba convencido de que Kaansen simplemente buscaba la fama.

Cuando la antitoxina llegó a la ciudad en manos de Kaansen, nadie salió a recibirlo, puesto que había llegado a las 5 de la madrugada y no iba a estar la gente esperando una llegada incierta.

Sin embargo, cuando la noticia se extendió por el pueblo, vecinos, padres y medios de comunicación salieron a recibir y felicitar a perros y musher, entregando al equipo todo el mérito de la carrera. El resto de mushers quedaron olvidados.

El gran musher Seppala: La verdadera historia de sus perros Togo y Balto.

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Seppala tenía una forma un tanto curiosa de manejar a sus perros, tenía aquellos que formaban parte del “equipo A” y otros que formaban parte del “equipo B”. Los del equipo A eran los mejores perros, aquellos que antes de los 6 meses mostraban talento para tirar de un trineo, mientras los de equipo B eran los “perros menores”, sólo usados en emergencias, eran castrados a los 6 meses, Balto fue uno de ellos.

Seppala no confió en Togo en un primer momento, demasiado pequeño. Así que lo vendió a una señora de cuya casa se escapaba constantemente y volvía a la casa de su criador. Devuelto y vendido pro segunda vez, Togo hizo de las suyas de nuevo, regresando junto a su verdadero amo una vez tras otra, hasta que, finalmente, Seppala lo aceptó en sus perreras, de donde se volvía a escapar cada vez que el equipo del musher y los perros salían en trineo. Togo corría junto al equipo y molestaba a los perros, lo cual molestaba mucho a Seppala.

Un día en que el noruego salió a cumplir con un pedido (ayudaba a una empresa de materiales de construcción o algo así.. a cambio de comida para sus perros) dejó a Togo bien atado en una perrera, pero él intentó escapar de nuevo, quedando enganchado de una apta y bastante lastimado. Cuando lo lograron soltar nadie fue capaz de sostenerlo y salió a toda velocidad siguiendo el rastro de Seppala, quien, camino a recoger la carga, vi una figura zorruna a lo lejos: era Togo de nuevo. Harto, el musher decidió poner al perro en un lugar de tiro cerca del trineo, donde lo pudiera tener bien controlado, pero el animal, a la corta edad de 8 meses, lo hacía tan bien, que fue ganando puestos hasta que, al final del día, compartía liderazgo con su padre, quien había sido perro guía por muchos años.

Balto, en la otra mano, había sido castrado por no ser talentoso, por eso no encontramos su línea sanguínea en perros actuales. Él sería recogido por el ayudante de Seppala, Gunnar Kaasen, quién lo describió como un “florecedor tardío”. Gunnar ayudaba a Seppala, por lo cual éste le dejaba utilizar equipos de sus perros.