El Síndrome del Perro Meón

El síndrome del perro meón  

¿Y qué cachorro no lo es? Todos los animales, incluido el hombre, es incapaz en los primeros estadios de su vida de contener la orina. El problema comienza cuando nuestro perro crece y sigue ensuciándose en casa. El control voluntario de la micción no comienza hasta los 10-12 semanas de edad, completándose en torno a los 5 meses de vida. Es preciso saber que aproximadamente  uno de cada diez perros relaja su vejiga bajo circunstancias concretas. Es una conducta común en los cachorros cuando experimentan sentimientos de alegría y que en ocasiones perdura hasta cerca del año. El desencadenante de tal conducta puede ser la presencia del propietario tras un periodo en el que no la ha visto y la alegría que ello ocasiona al cachorro.

Es un momento de gran alborozo  y fuerte  emoción para el perro. No debe confundirse con la micción por miedo, si se tratase de una manifestación de pánico iría acompañado de una descarga de las glándulas anales, lo que no se produce. Cuando un perro se ve sometido a un castigo excesivo o implicado en una pelea contra un contrincante que le atemoriza se produce la descarga de las glándulas anales, acompañada o no de micción. En algunos perros al llegar a la ancianidad van desapareciendo de  modo gradual las inhibiciones creadas por la educación y aparecen hábitos propios de los cachorros entre ellos la incontinencia urinaria. No se trata de un vicio sino de un síntoma de senilidad.

 

La solución: Si observamos que nuestro cachorro tiene tendencia a orinarse cuando le acariciamos o jugamos con él, debemos buscar el desencadenante del hábito,  que suele ser la mano extendida para acariciarlo. Aunque nos resulte duro hemos de abstenernos de determinados juegos o caricias que observemos provocan tal hábito.

Redactado por Luis Landeo

¿Son buenos los alimentos de alta energía?

¿Son buenos los alimentos de alta energía?

Los animales de compañía deben alimentarse con una dieta adecuada que les suministre todos los nutrientes esenciales, en las cantidades y proporciones correctas, con el fin de conservar la salud a lo largo de todas las fases de su vida. Existe una creencia más o menos difundida de que los alimentos de “alta energía” son los mejores, pues además y debido a su mayor contenido en grasas y proteínas resultan muy palatales. Esto no es así salvo en casos de animales de trabajo o con un desgaste físico muy elevado por cualquier causa, en los que si estarán indicados.

Hablamos de un “desequilibrio energético” cuando el consumo de energía es superior o inferior a las necesidades diarias del animal, ocasionándose alteraciones en el crecimiento o peso del mismo. El consumo excesivo de energía durante el crecimiento tiene unos efectos negativos especialmente en los perros de razas grandes al contribuir de forma significativa en el desarrollo, de trastornos esqueléticos como la “osteocondritis” o las “displasia de cadera”. Además el uso de estos alimentos sin ser necesarios producirá con seguridad problemas de obesidad. 

Redactado por Luis Landeo

¿Por qué una Mascota?

¿Por qué una mascota?

En nuestra vida de humanos, la mascota desempeña diversos papeles. En el seno de la familia, es un amigo discreto y afectuoso, compañero de los niños en sus juegos, testigo silencioso de penas y alegrías, y guardián disuasivo que protege el hogar.

En otras ocasiones ocupa el lugar del niño. Se convierte en el centro de toda la atención, se le mima, se le acaricia y se le rodea de un amor desbordante. Allí donde el hombre vive solo (personas mayores, viudas o solitarios) el perro puede llegar a sustituir aquello que falta: un ser vivo al que hablar. La compañía de una mascota representa con frecuencia el último  salvavidas antes de hundirse en la soledad. En estos casos, la relación puede llegar a ser tan fuerte que se le humanice, es decir, que se le robe su vida de “mascota”.

Hay quienes sienten la necesidad de ejercer sobre el animal una dominación. En estos casos, la mascota se convierte en un medio como otro cualquiera afianzarse. Hay personas que se sienten oprimidas en la sociedad y reaccionan descargando su insatisfacción y su afán de dominación sobre un ser más débil: la mascota. Este, sumiso, deberá obedecer ciegamente sin replicar.

Es evidente que el perro, por su afecto, su presencia, su carácter dúctil y su disponibilidad, puede apoyarnos moralmente. Sin embargo, el número de mascotas abandonadas (perros y gatos), desequilibrados y enfermos es sorprendentemente alto.

Hay que considerar a la mascota como animales que actúan  guiados por sus instintos,  seres vivos dotado de un psiquismo. Únicamente pueden participar en nuestra vida de humanos si respetamos sus reacciones específicas de animales.

Redactado por Luis Landeo

La Inteligencia del Perro

Hablar de la inteligencia del perro es controvertido, ya que es difícil de medir. Los etólogos la conciben como la capacidad de adaptación del perro, es decir, su facultad para comprender , almacenar conocimientos prácticos y sacar partido de sus experiencias para resolver rápida y correctamente nuevos problemas. La inteligencia del perro es, pues, el resultado de una memoria asociativa. Utiliza la capacidad de su memoria para encontrar soluciones a situaciones nuevas. Esta facultad determina su grado de inteligencia. En un perro salvaje como el dingo, define fundamentalmente su capacidad de supervivencia.

Mediante la educación y la estimulación,  el propietario puede desarrollar las aptitudes de aprendizaje de su compañero. Durante el adiestramiento, aproveche sus facultades de asociación de señales con movimientos particulares y recompensados. Sin embargo, no se trata de crear un perro de circo que haga su número mecánicamente. El perro aprende únicamente mediante la  experiencia. Es necesario, pues, ofrecerle a lo largo de toda su vida situaciones nuevas con el fin de enriquecer su memoria.

La inteligencia es variable según los individuos. Por otra parte, los perros más inteligentes no siempre son los más dóciles, sino más bien al contrario, los más independientes o agitados. En cada raza los hay más hábiles y menos capaces.

En cualquier caso, la inteligencia del perro es mucho más reducida de lo que solemos pensar. El termino inteligencia no es portador de las mismas nociones que se aplican a los humanos. Para un perro, ser inteligente es comprender, no crear. No sabe razonar ni asociar ideas abstractas. Incluso si en ocasiones pudiera dar la impresión de pensar o comportarse de una manera humana, debemos evitar caer en el antropomorfismo.

Redactado por Luis Landeo