¿Por qué caemos en la tentación de humanizar a nuestra mascota?


¿Por qué humanizamos a las mascotas?

¿Por qué humanizamos a las mascotas?

Vivas solo o no, seas viejo o joven, o tengas una familia grande o chica, la mascota puede convertirse en un integrante más del hogar, e incluso puede llegar a ser el más querido. ¿Porqué? Porque un animal puede reflejar en el ser humano la armonía, la paz y la fidelidad que no siempre saben expresar los hombres y las mujeres.

El ser humano demuestra amor mediante el cariño y un trato especial que suele funcionar en los humanos, pero éste trato en nuestros perros,los desestabiliza.  Queremos que nuestro perrito sepa cuán especial es para nosotros y nos dejamos llevar por nuestro amor incondicional y lo colmamos de atenciones, regalos y caprichos; a veces podremos sentir que no es lo correcto, pero no podemos evitarlo, porque quererlo de ésta forma nos reconforta, nos hace sentir tan bien; entonces, ¿es al perro o a nosotros a quien estamos mimando?.

El cariño va más allá de compartir el hogar: con ellos se edifica una relación estrecha, comunicativa, cotidiana, simbiótica e íntima; y mucho cuidado que también la mascota es propicia para expresar la agresión, el rencor, el coraje y la frustración que puede aparecer dentro de la misma familia y, en un segundo momento, las adquiridas hacia personas cercanas o lejanas importantes para el sujeto dueño de la mascota. La mascota absorbe, sin protestar con palabras, la agresión de sus dueños.

En éste mundo de estrés laboral, en éste caos diario con reglas para todo, el tener que educar a nuestros hijos, con normas de convivencia para un bien en su futuro, resulta muy liberador llegar a casa y encontrarnos a nuestro perrito con esa mirada dulce que nos pide atención y nos dejamos llevar y lo mimamos en exceso, consintiéndole en todo y con productos generalmente innecesarios para él, y esto no es lo que tu perro considera amor. A raíz de ese trato humanizado vienen los problemas de conducta.

Un perro necesita una estructura en su día a día. Hay que educar y enseñar los lìmites para una sana convivencia motivando y reforzando las conductas adecuadas y extinguiendo las no convenientes de forma constante.

Hacer trabajar su cuerpo y mente teniendo en cuenta los instintos propios de su especie; unas cuantas carreras detrás de una pelota hace mucho más feliz a tu perro que el perfume de moda.

El ejercicio diario contigo mejorará la relación de ambos afianzando los lazos de confianza, respeto, y sentirse cuidado y querido.

Escrito por Rocío Carrasco y Antonio Landeo.

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